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viernes, 16 de marzo de 2012

Corea del Norte - utopia y distopia 2

Corea del Norte, algo más que el laberinto de una dictadura
24/12/11 - 09:01
Corea del Norte fascina y atrae. Como suele hacerlo la oscuridad y el terror o magnetiza el vértigo desde la altura. Es la génesis de ese fenómeno nacional antes extravagante y hoy también peligroso y oscurantista lo que posiblemente más convoca. ¿Qué es lo que lo hizo posible? Esa búsqueda marcha al margen de los detalles históricos del padre de la dinastía y fundador del país, Kim Il-Sung, "el gran líder", un comunista que vuelve a la patria para luchar por ella pero que fragua un reinado embotellado con formas casi teatrales. Lo que acabó sucediendo fue una concentración de poder única junto con el inevitable endiosamiento de los arquitectos de ese camino, luz que ahora envolverá a su hijo Kim Jong-Il "el querido líder" que acaba de fallecer y fue heredado, como en un principado, por su vástago Kim Jong-un, quien será custodiado por su tía, la generala Kim Kyong-hui, y su marido Chang Song-taek, regentes de palacio mientras el muchacho se adapta.
El régimen nacido bajo los fuegos de la Guerra Fría y casi sin fisuras en la estructura de mando exhibe así cada vez más la compulsión instintiva de protegerse cerrándose sobre si mismo al advertir ahora como antes que cualquier alternativa lo destruiría. Sucedió igual con otros experimentos nacionales de fragua parecida, pero jamás a tal nivel de fundamentalismo. Es posible, sin embargo, trazar algún paralelo entre ese fenómeno norcoreano con algunas dinastías árabes, tanto dictaduras políticas como aristocracias feudales. El caso más brutal que evoca quizá sea el de Muammar Kadafi, que también inventó una sociedad cerrada donde el líder libio sobrevolaba a su pueblo y lo explicaba de una única manera reprimiendo a la disidencia como si se tratara de un extravío. El tirano de Trípoli buscó, como el reino coreano, la conversión de su mando en una dinastía. A eso se aprestaba, justamente, cuando la historia hizo añicos el edificio autoritario de Libia por la furia y el hastío de su pueblo. Pero hasta allí llegan la comparaciones.
Corea del Norte no parece tener ni las mínimas filtraciones que se han visto en el universo árabe ni las contradicciones que se experimentaban en el mundo comunista antes de la caída del muro hace dos décadas. Lo que se creó en aquel país asiático es la extraordinaria unión del 1984 de George Orwell con el Mundo Feliz de Aldous HuxleyEs la saga del "querido líder" que todo lo ve y todo lo guía y tanto reprime como premia y disciplina en una sociedad que se describe a sí misma como un éxito de eficiencia constante donde la alegría sólo es posible si se habita ese espacio. Los himnos que deben cantar los estudiantes repiten loas a los éxitos de las cosechas y los avances militares del "gran comunismo" nacional, variante política de la que, en verdad, esa estructura ha estado menos cerca que de formas primitivas del fascismo.
Si se observa con atención, hay otras extravagancias del régimen que no le son necesariamente exclusivas además del encierro de sus poblaciones, las trabas para expresar las ideas, el bloqueo a la organización civil o el movimiento de sus ciudadanos como ha sucedido por ejemplo en el caso cubano o en muchos países de la constelación stalinista. La noción de un único partido es, adicionalmente, una deformación que se ha multiplicado por el mundo y sigue tentando en estas épocas que las manos parecen apretarse sobre el cuello de las democracias. El primer paso hacia esa clase de derrumbes institucionales es suponer que existe una sola voz que puede explicar la realidad y resolver las contradicciones.
La noción de una visión hegemónica tiene la cualidad de que en tanto se fortalece centrifuga más las alternativas. Sin ir más lejos, el líder bolivariano Hugo Chávez, aliado de la dictadura norcoreana, se planteó que su Movimiento al Socialismo concentre a todas las restantes fuerzas políticas convirtiendo en sujetos fallidos a quienes persistieran en oponerse. El unicato ha entretenido la imaginación no sólo de ese liderazgo en América Latina. Pasó antes con el PRI en México y sucede en los reflejos autoritarios de otros gobiernos como el actual argentino que asumen como fuera de la inteligencia la visión crítica de su gestión. No es exagerado sino positivo observar esas derivas autoritarias en el espejo de Corea del Norte porque el fenómeno del pequeño país asiático funciona como la caricatura deforme y violenta que la historia construye sobre esos extremos haciéndolos grotescamente nítidos.
La ausencia teórica de posibilidad histórica para un régimen como el de Pyongyang no ha implicado su disolución. Hay explicaciones. Una de las grandes herramientas de la sobrevivencia de la dinastía feudal stalinista norcoreana ha sido el uso a su favor de la división con la próspera Corea del Sur. La dictadura ha venido extorsionando a sus primos del sur así como a Occidente y a su maltratado aliado chino, con la amenaza de una unificación a la fuerza resultado del caos que implicaría un desastre económico y geopolítico. La presión sobre Seúl creció en esta etapa, además, como reacción a las duras posiciones del gobierno derechista del sur que llegó al poder debido, justamente, a la agudización de este conflicto que arrastra ya demasiados enfrentamientos y muertos. En 1999, 2002 y 2009 hubo choques binacionales que incluyeron el hundimiento de una torpedera comunista con el saldo de 30 marinos muertos. Un golpe similar, pero contra el otro bando, se produjo en marzo de 2010 cuando un torpedo destruyó una corbeta sudcoreana causando 46 bajas.
Esa tensión se da también en un marco contradictorio dentro de la propia Norcorea. Ese país ínfimo, con apenas unas pocas riquezas minerales, está hundido en la pobreza y su población de 11 millones de habitantes ha soportado hambrunas bíblicas, la última en la década de los 90. Pero, no obstante, cuenta con el quinto ejército en tamaño del planeta, con más de un millón y medio de efectivos alistados y otros cuatro millones en la reserva. Y ha desplegado once mil misileras que destruirían el sur coreano y harían blanco en Japón en cuestión de instantes. A ello le ha agregado el potencial atómico.
La perspectiva de una unificación descontrolada si se detiene el flujo de asistencia es un fantasma utilitario pero probable que agita Pyongyang como herramienta de poder. En su peor versión, masas de millones de hambrientos se lanzarían en un caso sobre las fronteras más complicadas a nivel social que tiene China en esa área. O en el otro, sobre los bordes de la pronorteamericana Seúl, que sufriría un descomunal costo para integrar su parte norte como le sucedió a Alemania en la unificación del este comunista. El poderío nuclear que Norcorea ha venido desarrollando con inestimable ayuda de otro socio de Washington, Pakistán, es, lejos de la fantasía de una guerra contra las potencias occidentales, también una llave para hacer más efectiva la maquinaria de extorsión. Lo que el régimen demanda y consigue a cambio de esta militancia suicida es asistencia alimentaria, monetaria y energética. Lo que se promete en retribución, esto es frenar el desarrollo atómico y evitar el trasiego de tecnología de destrucción masiva a destinos cada vez menos controlados, no necesariamente está ahí para ser cumplido. Pyongyang sencillamente no es un sujeto confiable.
Este escenario, en el nuevo diseño mundial que se está formando tras las mutaciones provocadas por la crisis económica global, comienza, sin embargo, a exhibir algunas limitaciones. China, que ha venido soportando los desplantes de su pequeño socio que jamás le alertó sobre sus pruebas nucleares, no observa ya a Corea del Norte como crucial en el arenero de las tensiones con Occidente. En el pasado, bloquear una unificación que colocara las fronteras de la influencia norteamericana en sus narices, explicaba el apoyo al régimen de Pyongyang. Los cables de WikiLeaks revelaron un cambio de esa perspectiva. Eso se debió a las nuevas responsabilidades globales chinas, que no puede permitir la existencia de un régimen descontrolado a su vera y con un poderío destructivo creciente. Pero también a que el actual Estados Unidos es un contendiente con más limitaciones y mayores necesidades de negociación. El mundo va camino de una unipolaridad que fue efímera en manos norteamericanas tras la caída del campo comunista en 1989, a una nueva bipolaridad entre las dos mayores economías globales. Eso implica derechos pero también responsabilidades.
¿Por qué entonces China no le suelta la mano a su imprevisible vecino? Es en parte debido a las transformaciones que está sufriendo la región asiática, una transición que apenas comienza. China tiene ahora mayores intereses sobre ese espacio extremadamente inestable, y ello ha causado una multiplicación de tensiones que un estallido coreano sólo agravaría. Uno de los duelos es la pelea con Vietnam por el control del archipiélago de las Paracel. Pero también Beijing disputa con Japón, Filipinas, nuevamente Vietnam, Malasia, Indonesia y Brunei la soberanía de las islas Spartly. Junto a estos diferendos, hay que anotar el litigio sin solución entre Corea del Sur y Japón por las islas Kodko, o entre Tokio y Moscú por las Kuriles. De lo que se trata es de energía. Para Beijing, convertir en "mare nostrum" el mar de la China que, según EE.UU. forma parte también de sus estrategias de seguridad nacional, se vincula con la enorme existencia de petróleo bajo su suelo. Son estos nudos sueltos los que por ahora permiten que la estrafalaria dinastía coreana del norte pueda seguir jugando en la cornisa. La gran pregunta es cómo se ajustarán en un mundo que definitivamente ya nunca será el mismo.

Corea del Norte - Utopias y distopias 1

Otro Kim, ¿otra oportunidad?

En la empobrecida Corea del Norte, un fastuoso funeral

NUEVA YORK.- Durante mi primer viaje a Corea del Norte, en 1989, me colaba al azar en distintas casas: quería saber cómo vivían realmente los norcoreanos, y la gente se mostraba sorprendida, aunque hospitalaria.
Lo más sorprendente que descubrí era que en cada hogar había un altoparlante colgado en la pared. Es como una radio que no tiene dial ni botón de apagado. A la mañana, despierta a la gente que vive en la casa con propaganda política ("¡En su primer juego de golf, el camarada Kim Jong-il hace cinco hoyos en uno!"). Y así sigue tronando todo el día...
El altoparlante deja en evidencia que Corea del Norte no es una dictadura cualquiera, sino tal vez el país más totalitario que alguna vez haya existido. Stalin y Mao eran asesinos, pero no eran hi-tech ; a eso la familia Kim le ha sumado un complejo sistema represivo.
Los discapacitados son considerados engendros, por eso quienes sufren alguna discapacidad son generalmente expulsados de Pyongyang.
La propaganda del gobierno es desvergonzada. Durante la hambruna, los medios norcoreanos advertían a los ciudadanos subalimentados que no comieran de más, recordándoles la moraleja de aquel hombre que comió hasta hartarse y después reventó.
Una vez me detuve en una zona rural para entrevistar a dos estudiantes secundarias. Eran amistosas, pero estaban perplejas. Lo mismo que yo cuando empezaron a hablar a la vez, repitiendo lineamientos políticos al perfecto unísono. Parecían robots.
Cuando comenzaron a llegar videos contrabandeados desde China, la policía cortaba la electricidad a edificios enteros. Luego los agentes golpeaban puerta por puerta y revisaban qué película había quedado atascada: un video de contrabando podía implicar que la familia entera fuese despachada a un campo de trabajos.
¿Qué hacer con ese país? Para los norteamericanos, un buen punto sería reconocer algunos errores. Estas son algunas de las lecciones a aprender:
·         No asumir que el final del régimen es inminente. Cubrí los temas de Corea del Norte de manera intermitente desde 1987, y los extranjeros siempre han susurrado rumores de levantamientos o han sugerido que el gobierno está a punto de colapsar. Es cierto, el régimen podría caer mañana, como también podría durar 20 años más? El "Gran Sucesor" Kim Jong-un podría durar más que Obama.
·         No asumir que todos los norcoreanos odian el régimen. ¿Y todos esos norcoreanos que lloran la muerte de Kim Jong-il? Su duelo es probablemente sincero. Lo que me impresiona al conversar con desertores es que casi todos deploran el régimen de Kim, pero luego agregan que sus familias, a las que dejaron atrás, siguen creyendo en él, porque es lo único que conocen. Muchos otros son nacionalistas apasionados, que prefieren a un déspota propio que cualquier asomo de colonialismo.
La fe y el miedo se combinan para mantener alineada a la gente. En un libro sobre Corea del Norte, Bradley Martin relata que uno de los asesores de Kim le contó a su mujer que su jefe era un mujeriego. La mujer creía en la decencia de base del sistema norcoreano y escribió una carta para quejarse. La carta llegó a manos de Kim Jong-il, que expuso a la mujer frente a una multitud y la denunció.
El propio esposo dio un paso al frente y rogó ser él quien la ejecutase. El pedido fue concedido, y el esposo mató a su mujer de un tiro.
·         No intentar aislar al país. La reacción de Occidente ante el programa nuclear de Corea del Norte ha sido sancionar y aislar al país. Pero el aislamiento ha sido contraproducente, ya que es una de las razones que mantienen a la familia Kim en el poder. Además, las penurias económicas no destruirán al régimen. A mediados de la década de 1990 se cree que murieron alrededor de 1 millón de personas por la hambruna, y el régimen salió ileso.
·         Nuestros errores en Corea del Norte son manifiestos. En 1994, estuvimos a un tris de entrar en guerra en la península coreana, que logró evitarse con un acuerdo que descansaba en falsas esperanzas. Luego, frente a la evidencia de los engaños de Corea del Norte, Bush intentó luego deshacer el acuerdo. El resultado fue aún más desastroso: Corea del Norte acumuló suficiente plutonio para producir tal vez ocho armas nucleares.
Los funcionarios norteamericanos culpan a China de apañar a Corea del Norte, pero al menos Pekín tiene una estrategia: alentar al régimen a copiar las medidas reformistas que transformaron a la propia China.
Soluciones buenas no hay. Pero saquemos provecho de la transición para intentar un acercamiento. Si podemos restablecer las relaciones diplomáticas y las relaciones interpersonales, no estaremos recompensando a un régimen monstruoso. Tal vez simplemente estemos cavando su tumba.
Traducción de Jaime Arrambide

lunes, 2 de mayo de 2011

Biografia Hector Schmucler

Hector Shmucler nació en Entre Ríos, 18 de julio de 1931. Es un sociólogo y semiólogo argentino.
Estudió letras en la Universidad Nacional de Córdoba. Mediante una beca, realizó cursos en la Universidad de Buenos Aires. Obtuvo su licenciatura en 1961. Entre 1966 y 1969 estudió semiología en la École pratique des hautes études, bajo la dirección de Roland Barthes. Fundó la revista Pasado y Presente, junto a José María Aricó, Oscar del Barco y Samuel Kiczkowski. Fueron los primeros en abordar el campo de estudios de la comunicación en el país, influenciados por la Escuela de Frankfurt y la Teoría de la Dependencia.
Entre 1969 y 1972, dirigió la revista Los libros, donde colaboraban Jaime Rest, Juan Gelman, José Aricó, Oscar Steimberg, Eliseo Verón y Germán García entre otros.[1]
En los '70 fundó en Santiago de Chile la revista Comunicación y cultura, junto a Armand Mattelart y Ariel Dorfman. En 1971 escribió el prólogo para el famoso libro Para leer al Pato Donald. Uno de sus principales aportes a las ciencias de la comunicación fue la creación de la cátedra Introducción a los medios masivos de comunicación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. C]omponían el marco teórico de la asignatura textos de Antonio Gramsci, Mao, Lenin y otros. Estas actividades fueron interrumpidas por las persecuciones y asesinatos de la dictadura militar
Fue fundador del Seminario de Informática y Sociedad en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Integra el grupo editor de la revista Artefacto.
Es considerado una de las principales figuras de los estudios de la comunicación en América Latina y sus textos se leen en la principales universidades.
En 1997, se ha publicado una compilación de sus ensayos, Memoria de la comunicación (Biblos).
Actualmente reside en la ciudad de Córdoba (Argentina). Es profesor emérito de la Universidad Nacional de Córdoba.

Candelaria Zavala

lunes, 4 de abril de 2011

Biografias: UMBERTO ECO


Umberto Eco nació en la ciudad de Alessandria, en el norte de Italia el  5 de enero de 1932. Con veinte años, se traslada a Turín para estudiar en la Universidad, obteniendo el Doctorado en Filosofía y Letras en el año 1954 bajo la dirección del profesor Luigi Pareyson. 
En los primeros años de la postguerra en Europa no hubo mucho tiempo para el debate artístico y filosófico, pero, entre el final de los años cincuenta y el inicio de los sesenta, el debate cultural vuelve a renacer de manera impetuosa. Italia, en particular, acababa con más de 20 años de aislamiento cultural ; se iban construyendo una nueva economía y una nueva sociedad, con nuevas formas de arte, de ideas y de comunicación. En este entorno es que Eco finalizaba sus estudios con una tesis sobre Tomás de Aquino, donde debió reconstruir su teoría en base a estudios medievales referidos a la estética, ofreciendo un nuevo punto de vista sobre las ideas de belleza brindadas por  Santo Tomás. Esta tesis, años más tarde se convirtió en libro dos años después, dando inicio a la larga trayectoria del semiólogo.
La formación de Eco fue la típica de muchos intelectuales italianos de entonces: comenzando por una base católica y luego el encuentro con las filosofías “laicas” como el Marxismo, la Fenomenología o el Estructuralismo. La manera con la que se enfrenta a las antiguas y  nuevas teorías es, de todas formas, crítica mostrándose, no como un filósofo sistemático, sino como un  estudioso; principalmente en el campo de la Estética: se aceptan, por completo o en parte, sólo después de un análisis profundo y completo, para luego utilizarlas a la hora de resolver un problema difícil.

En 1954, justo después de su tesis, Eco empieza a trabajar en la RAI, la televisión pública italiana, que acababa de empezar a emitir ese mismo año. Iba a empezar la época de las comunicaciones de masa, y Eco enseguida se dio cuenta de que las teorías estéticas tradicionales eran incapaces de afrontar las nuevas formas de expresión, incluso porque durante siglos no se habían creado nuevas formas de expresión. De ahí que, el problema era explicar, antes que el arte, la comunicación: cómo funcionaban los procesos comunicativos.
Luego, entra a formar parte del Grupo 63(formado principalmente por  poetas, narradores, críticos literarios y filósofos italianos críticos de la literatura y teorías clásicas de los años 50) y realiza un sinfín de estudios en muchas direcciones: la poética de vanguardia, la historia de la estética, la comunicación de masas, etc.
Profesor ordinario de Semiótica y presidente de la Escuela Superior de Ciencias Humanísticas de la Universidad de Bolonia, debuta con la novela "El nombre de la rosa" (1980)

Trabajó como profesor en las universidades de Turín y Florencia antes de ejercer durante dos años en la de Milán. En 1965, Eco inicia su colaboración con la revista L’Espresso y, en 1966, llega a ser profesor de Comunicación visual en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Florencia. Fue en esos años cuando publicó sus importantes estudios de semiótica Obra abierta (1962) y La estructura ausente (1968). Desde 1971 ocupa la cátedra de Semiótica en la Universidad de Bolonia. Desde 1969 hasta 1974, Eco da clase como ‘visiting profesor’ en muchas Universidades de Norteamérica y de Sudamérica, y empieza su etapa de semiólogo viajero. En 1974, en Milán, organiza el primer Congreso de la International Asociation for Semiotic Studies, asociación que había surgido en París en 1969. En estos años continúa la investigación en el ámbito de la Semiótica y para  1975 Eco consigue la condición de catedrático, ocupando la primera cátedra de Semiótica en Italia.
Distinguido crítico literario, semiólogo y comunicólogo, Umberto Eco empezó a publicar sus obras narrativas en edad madura (aunque en conferencias recientes cuenta de sus experimentos juveniles, los que incluyen la edición artesanal de un cómic en la adolescencia). En 1980 se consagró como narrador con El nombre de la rosa, novela histórica culturalista susceptible de múltiples lecturas (como novela filosófica, novela histórica o novela policíaca, y también desde el punto de vista semiológico)
Es miembro del Foro de Sabios de la Mesa del Consejo Ejecutivo de la Unesco y Doctor Honoris Causa por treinta y ocho universidades de todo el mundo, entre ellas, la Universidad Complutense de Madrid (1990), la Universidad de Tel Aviv (1994), la Universidad de Atenas (1995), la Universidad de Varsovia (1996), la Universidad de Castilla-La Mancha (1997), la Universidad Libre de Berlín (1998) y la Universidad de Sevilla (2010).
Otras distinciones: Medalla de Oro al mérito de la cultura y el arte (Roma, 1997); Caballero Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Italiana (Roma, 1996); Ordine Pour le Mérite für Wissenschaften und Künste. Premio Strega. Premio Médicis. Premio Bancarella. Premio del Estado Austriaco para la Literatura Europea. Miembro honorario de la Asociación James Joyce, de la Academia de Ciencias de Bolonia, de la Academia Europea de Yuste, de la Academia Americana de las Artes y las Letras, del Umiejętności Polska Akademia (Academia Polaca de las Artes). Miembro del Colegio de Santa Ana de Oxford. Miembro de la Accademia dei Lince. Ha sido nominado en diversas ocasiones para el Premio Nobel.

En febrero de 2001 creó en Bolonia la Escuela Superior de Estudios Humanísticos, iniciativa académica solo para licenciados de alto nivel destinada a difundir la cultura universal.

Entorno durante la producción del texto:

Después del Tratado de semiótica general(1975), Eco se da cuenta de que tiene la posibilidad teórica y académica de volver a la Estética. Sin embargo, hay una diferencia por lo que se refiere a la Estética del primer período: mientras que en los años sesenta Eco intentaba alcanzar una teoría unitaria empezando por la consideración de las formas de arte, ahora se enfrenta con todas las formas de expresión, ganando mucho más interés por los textos literarios que por la comunicación visual o musical.
Esta etapa “de la enseñanza”, implicó en el trabajo de Eco a muchos estudiantes y colegas con los que se encontraba en diferentes lugares del mundo. Junto a la investigación teórica y al trabajo académico, Eco sigue con su actividad periodística. Los años setenta fueron los “años de plomo”, los años del terrorismo y las agitaciones. El debate entre los intelectuales se hace intenso e incluso peligroso: Eco rechaza ser partidario de las posiciones extremase incluso está dispuesto a rechazar la ideología contradictoria de muchos líderes revolucionarios, pero es el primero que subraya la originalidad y la creatividad en el movimiento de los estudiantes en el uso de los mass media. 

BIBLIOGRAFÍA: